A solo días del anuncio de su nueva gira mundial “Together, Together”, Harry Styles volvió a instalarse en el centro de la conversación global, aunque no precisamente por su música. El tour, que arrancará el 16 de mayo de 2026 en Ámsterdam y se extenderá hasta diciembre en Sídney, ya genera ruido entre sus seguidores por un factor que se repite cada vez con más fuerza en la industria: el precio de las entradas.
La preventa bastó para encender las redes sociales. Fans de distintos países comenzaron a compartir capturas, cifras y comparaciones que revelan valores que, en algunos sectores, superan los 800 euros, una cifra que en Chile se traduce en más de 820 mil pesos por un solo ticket. El entusiasmo inicial dio paso rápidamente a la frustración.
Más allá de los números, el debate apunta a algo más profundo. Para muchos seguidores, el problema no es solo el valor en sí, sino lo que representa: la progresiva exclusión de una parte importante del público. Comentarios como “la música se está volviendo inaccesible” o “esto ya no es para fans, es para privilegiados” se repiten una y otra vez, marcando un quiebre entre el artista y una base que históricamente lo acompañó.
El impacto económico tampoco termina en la entrada. Para quienes viven fuera de las ciudades donde se realizará el tour o incluso en otros países el costo real se multiplica. Pasajes, alojamiento y alimentación convierten la experiencia en un gasto que puede superar con facilidad el millón de pesos chilenos, transformando un concierto en un lujo difícil de justificar.
La gira “Together, Together” promete estadios llenos y cifras récord, pero también deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿hasta qué punto los grandes tours siguen siendo un espacio de encuentro con los fans y no solo un producto de alto costo?
El fenómeno Harry Styles vuelve a demostrar que, hoy, el espectáculo no termina en el escenario: continúa y con fuerza en la discusión social que lo rodea.

